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María Ana: Kuña Katupyry, pyapy mbarete

En esta ocasión visitábamos a una mujer guerrera, luchadora que con mucha humildad y perseverancia ha sacado adelante a su familia.

María Ana López, dueña de la Chipería María Ana de la ciudad de Eusebio Ayala (Barrero Grande), nos comentaba sus experiencias en la venta de la chipa, que viene haciendo hace más de 21 años.

Se mostró muy contenta y feliz por la visita, dispuesta a mostrar todo el proceso que realiza en la elaboración, e incluso recordó cómo fueron sus inicios y por todo lo que tuvieron que pasar junto con su familia para salir adelante.

“Primeramente mi hermana mayor empezó a vender chipa,  y me dijo vamos a ganar plata para que nuestra mamá deje de ir a lavar ropa en el arroyo”.

María Ana, no tuvo la suerte de asistir mucho tiempo a la escuela, debido a que pertenecía a una familia humilde de 5 hermanos.

 “Había poca plata, en realidad no había luego. Mi mamá antes lavaba la ropa a la gente que tenía farmacia a cambio de remedio si nosotros nos enfermábamos, a gente que tenía almacén a cambio de leche y pan para tomar cocido. A otra señora le lavaba la ropa a cambio de carne. Así trabajaba mi mamá.

Nos comentaba que en aquel entonces, vivían situaciones muy precarias, no contaban con casa propia. Fue su hermana mayor la que la convenció de trabajar muy duro y así poder construirle una casa propia a su madre.

“La gente de buen corazón nos daba una casa para vivir porque mi mamá no tenía plata para pagar el alquiler”.

María Ana, empezó a trabajar desde los 14 años junto con su hermana y así fue como lograron comprar un terreno y empezar la construcción.

Hace más de 21 años que se dedica a la venta de chipa. Empezó vendiendo en el “Bar Kavureí” de Barrero y hace 29 años que cuenta con su propia Chipería.

“Tengo 53 años de sacrificio,  vivo luchando y estoy feliz porque Dios ya me dio todo lo que me tenía que dar”.

María Ana, manifiesta que no existe felicidad más grande que poder volver a tu casa a descansar después de un día de trabajo, sin importar el tamaño que ella tenga.

“Nuestra mamá había luchado mucho por nosotros y entonces yo sé lo que es la lucha y las necesidades  que ella pasó”.

Su madre fue un ejemplo de fuerza, de la mujer que carga sola con la responsabilidad de cuidar a su familia, y María Ana a su vez, volvió a vivir esta situación. Por eso, y siendo consciente de lo difícil que es conseguir trabajo siendo madre soltera, decidió emplear a estas mujeres de forma prioritaria en su Chipería.

En un momento también recordó que en su infancia, soñaban con ser invitados a los cumpleaños, a los que nunca podían ir a causa de ser pobres. Dijo que lo único que querían ella y sus hermanos, era saborear el chocolate.

Mamá nos decía, yo les voy a preparar… pero no era lo mismo, porque no tenía mucha leche”.

De esa tristeza surgió una promesa: el día en que María Ana pudiera festejar el Día de Reyes para los niños, prepararía chocolate con mucha torta.

“Porque queremos tanto la torta cuando somos niños…pero si no tenés es tan triste”.

En la actualidad cada 6 de Enero, recibe a más de 800 niños; y ella se siente una criatura más: compra  muchos juguetes para cada uno y contrata payasos, ya que antes ése era su mayor deseo, y ahora puede hacer que sea una feliz realidad para todos los pequeños.

“Y estoy tan feliz…al ver que se llenan la cara de torta. Esa es mi felicidad más grande”.

 

 

 

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