Ciudades

Ybycui: El mejor lugar para (casi) perderse

 
“¡Viva el Paraguay!“, a mitad del Cerro San José vimos una bandera paraguaya que ondeaba como podía. Así es Ybycui, lleno de símbolos patrios que marcan al verlos, pero para ello hay que sudar, caminar y poner garra para apreciarla.

MAURICIO CARDOZO OCAMPOS

Vestir el poncho de Mauricio Cardozo Ocampos, ícono de la época de dorada de la música popular nacional, no tiene precio. Y Bicho tuvo el privilegio de poder hacerlo. Ver lo último que los ojos de esta cantautor paraguayo estaba leyendo es un tesoro inapreciable. En Ybycui, su tierra natal, se puede disfrutar de eso, hasta se puede oler el último cigarro que este fumó mientras nos dejaba.

Esto último es en serio.

Son tesoros que los amantes de la música, y los no tan amantes también, no pueden dejar de apreciar.

ÑA YIYÍ

“Saludo Ménchipe“, nos dice Ña Yiyi, una señora de 85 años de edad que con toda su alegría teje una bufanda con los colores de Cerro Porteño, siendo ella olimpista. No entendimos muy bien que pasó ahí, pero su emoción por estar siendo fotografiada no nos hizo ver ese detalle tan rápido. “Ahora che aguapyntema ajapo kóa“ nos dice y señala su bufanda, mientras nos cuenta con emoción la joyería que antes tenía y nos habló maravillas de su trabajador marido. Definitivamente una de las personas más dulces que tiene esta ciudad.

RECUERDOS DE HIERRO

La nostalgia por la buena época de la música nacional es la parte más tranquila de este paseo, la cosa se pone más intensa cuando llegamos a la Fundición de Hierro, una extraña conexión entre el pasado y presente, un lugar ideal para recorrer horas, admirar los detalles de la rueda central de la fundición, una reliquia que a pesar del herrumbre se mantiene en pie. Es imposible no imaginarse lo que fue ese lugar en tiempos de los López.

Eran esclavos africanos y brasileños quienes hacían el trabajo duro en ese lugar. Se pueden ver las rampas de piedras que llevan al horno y toda la estructura de la represa que desvía el río de su cauce natural para terminar creando armas que hoy día es una maquinaria vieja, oxidada, pero que dentro de todo se torna nostálgico de recorrer.


Es difícil saber dónde pisar, es una construcción que tiene madera, una madera de la segunda mitad de 1800, cuando estés por ahí vas a entender a qué nos referimos.


SALTOS Y SEÑAS

A la fundición de hierro acompaña un área recreativa donde se puede caminar y escuchar la naturaleza, mientras se disfruta de dos de los seis saltos que son bastante fáciles de ser visitados, para el resto sí se requiere de algún baqueano de la zona. Se suda, se dan saltos y se encuentra la huella del Pombero en estos tramos que son obligatorios de visitar.

“Aipe’ata koa ha ajúta“, estas fueron las palabras que nos salvaron de perdernos en pleno Cerro San José. Nos encontramos con Reinaldo, un señor que nos dijo que ese camino que íbamos a tomar no era el mejor y que él sabía uno más rápido, llegamos a la punta del cerro en más o menos DOS horas, por el camino más corto, que con la amabilidad que caracterizó a todos los pobladores de Ybycui, Reinaldo nos mostró. Imaginense si no teníamos a Reinaldo.

CERRO SAN JOSÉ

“Aipe’ata koa ha ajúta“, estas fueron las palabras que nos salvaron de perdernos en pleno Cerro San José. Nos encontramos con Reinaldo, un señor que nos dijo que ese camino que íbamos a tomar no era el mejor y que él sabía uno más rápido, llegamos a la punta del cerro en más o menos DOS horas, por el camino más corto, que con la amabilidad que caracterizó a todos los pobladores de Ybycui, Reinaldo nos mostró. Imaginense si no teníamos a Reinaldo.

A gritos de “Mo‘o reime?“, partimos rumbo al Cerro San José atrás de Reinaldo, que como fuera el patio de su casa, iba caminando por los yuyos del campo que nos llevaba a la cima del cerro. Con las mochilas, el drone, cámaras y micrófonos, caminamos unos 40 minutos y llegamos a la base del cerro.

Genial. Ahora teníamos que subir, con todo lo que teníamos, faltaba aún la parte más densa.

“Haupei Don Reinaldo, jaguahêtapio?“, preguntamos todos. No llegamos aún a la parte más jodida de la escalada. Echamos la cámara, nos agarramos de rocas gigantes, el “te atajo la cámara“, “Pasame tu mochila“, “¿Vienen?“, “Ya no puedo más“ y el infaltable “¿Qué estás haciendo amiii?“ se hicieron presentes hasta llegar a la cima, donde encontramos una choza con una cruz en su interior.

Pero el premio más confortable es la vista, una de esas que solo los que se animan pueden tener.

Con un “che avy‘a penendive“ don Reinaldo manifiesta su alegría de habernos acompañado hasta la cima, una lugar que letras no pueden expresar, hay que ir y vivir la experiencia. Si vas a Ybycui, escalar el Cerro San José, es una aventura pesada, pero satisfactoria de hacer.

Visitá el cerro, la fundición de hierro y hablá con la gente. Esperamos tu experiencia ¡visitá Ybycui!

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